5 abr. 2010

¿Qué le pasa a mi reloj, doctor?

No entiendo que falla, que hace que no funcione como debería. ¿Cuántas veces hemos podido oír “yo a tu edad ya había…” seguido por una lección moral? Pues algo así es lo que parece que no funciona en mí. Casi podría tratarse de un grupo para facebook, pero es verdad que las cosas cambian con los años, o quizás solo cambian para mí.

A mis veinticuatro años, con estos aires de saber de qué va la vida, me paro un momento para observar lo que me rodea. La gente tiene encaminada su vida, sabe lo que quiere, lo que tiene y lo que está fuera de su vida. Y parece que tan solo hay un patrón común: la gente parece temer morir sola. Para ello empiezan a buscar pareja o ya la tienen; o simplemente se aferran a un clavo ardiendo, temerosos de acabar sus días sin nadie que les llore.

Por ello me pregunto, ¿qué le pasa a mi reloj, doctor? No se, tal vez algo en mí falla, pero no estoy casada ni tengo hijos como en su día ya tenían nuestros padres a mi edad. No soy ese tipo de personas que necesiten de otra para completarse. Adoro mi vida y no creo que tenga que esperar a quien me haga feliz. Tengo la suerte de serlo con la gente que me rodea ahora mismo.

No busco ni deseo estar con nadie como meta para mi felicidad. Resulta obvio que el ser humano adora gustar a los demás y que se fijen en uno, pero de ahí a centrar mi futuro en ello… Mi futuro ahora es mi trabajo (el que espero encontrar pronto) y llegar a ser la mejor en él.

Quizás consiga arreglar el reloj a última hora y acabe siendo una de esas ancianas que en una residencia encuentran a un viejito que las haga felices en sus últimos días. Porque para estos días ya tengo la felicidad que necesito.