20 oct. 2010

Mi teatro de marionetas

Nunca sabéis que estáis interpretando, pero es así. Consigo que hagáis lo que quiero y en el momento exacto. Pobres criaturas que pensáis que tenéis el control de vuestros actos o sentimientos, pues no es así. Sabed que cuando hacéis lo que hacéis es porque os lo ordeno.

Aclarad las voces, terminad de poneros el vestuario, el espectáculo está a punto de comenzar. Cuando las luces se encienden, hago desaparecer el telón y vosotras, mis marionetas, entráis en escena. ¡Comienza el espectáculo!

Tu eres mi nuevo actor principal; mi nuevo capricho. Son tan suaves y delicados los hilos con los que controlo tus actos que ni sabes que están ahí. Crees ciegamente que tienes el poder y no pienso hacerte ver lo contrario. Sin embargo, decirte que tienes fecha de caducidad. Tuviste ese gran estreno, pero no llegaste a dejar al público sin aire. No me sirves. Me aburres. Vas de vuelta al cajón del olvido donde se hayan las marionetas que fueron prometedoras pero se quedaron en tierra de nadie.

Fuiste el presente, colmaste las calles con carteles de tu función, así que mereces una explicación. No puedo evitar lo que soy, ni quiero hacerlo. Es mi protección, mi forma de estar segura. Sin embargo, no puedo alejarme de mi teatro. Las marionetas cambian, las obras son distintas, pero hay algo que no cambia. En el momento en el que te convertiste en mi marioneta, quedaste presa de los hilos. Allí en el pasado eres libre de ellos, pero yo siempre estaré presa de aquellos a los que manejo y controlo.

Sin esta adicción, ¿qué me queda? Tan solo que se apaguen las luces del teatro y pensar a oscuras en un día sin sol.