5 ene. 2009

Una difícil despedida...

A veces no es fácil comprender porque pasan algunas cosas. Vemos pasar las horas en multitud de ocasiones y no nos paramos a pensar que cada minuto que vivimos es único, inigualable.

Hoy tuve que volver al trabajo, hacía dos semanas que no coincidía con mi jefa, la primera semana por sus vacaciones y la siguiente por las mías. Se nos ocurrió que si cogíamos vacaciones alternas, la oficina nunca se quedaría sin departamento de marketing. Nosotras pensando en la empresa, pero la empresa prefirió darnos la espalda. Al despertar esta mañana, cogí el autobús con ganas, volvía a trabajar junto a mi jefa, a aprender de lo que ella me decía y a disfrutar de trabajar junto a ella. Pero la cosa cambió al entrar en la oficina.

Su bolso estaba en su mesa, pero algo faltaba. No estaba el portátil en el que había pasado tantas horas trabajando y retocando las estrategias que perfilábamos. Ni si quiera ella estaba en su mesa, sino en la sala de juntas esperando a la de recursos humanos. No necesitaba que me dijeran nada. Antes de dar mi primer "buenos días" de año nuevo en la oficina, supe que no volvería a trabajar con mi jefa.

Efectivamente, mis sospechas eran ciertas cuando recibí una llamada pidiéndome información sobre nuestro trabajo, ni si quiera pensé "¿para qué me piden la información pudiendo dársela mi jefa?", porque solo me reafirmaba en que no volvería a verla. Estuvimos hablando largo y tendido, ella no se iba mal, no se iba con una mano delante y otra detrás, sino con orgullo, con la satisfacción de un trabajo bien hecho, con la seguridad de tener en mí un apoyo siempre que lo necesitara y sabiendo además, que le esperaba algo mucho mejor fuera de estas paredes.

Cada minuto es único, no merece la pena malgastarlo. Cada instante desaprovechado desde la oficina, lo aprovecho pensando en los consejos de mi jefa, en los buenos momentos con ella o con mis amigos, en las peleas con los míos. No me preocupa mi trabajo, lo único que me preocupa es mi vida. Podrán despedirme, pero no quitarme lo que realmente me importa. Le quitaron el portátil a mi jefa porque temían que borrase archivos. Me río de ellos porque significa lo poco que la conocían.

Hoy no hay cachorros, ni hienas; tampoco hay depredadores o ancianos... hoy la selva está en calma porque se fue el miembro más valioso.

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