20 may. 2010

No es tan fácil

Madurar supone superar las cosas que te van pasando día a día, levantarte si te caes, pero no es tan fácil. Las personas nos sentimos realizadas cuando conseguimos superar un problema, cuando hayamos la solución a algo que nos hacía mal. Pero, ¿qué pasa cuando no puedes superarlo? ¿no estamos preparados para seguir avanzando? ¿nos vamos a quedar clavados en ese punto? Pues yo me rindo. Aquí me quedo. Por una vez voy a tragarme ese orgullo que tantos inconvenientes me ha traído y voy a dejar que otros solucionen el problema por mí.

Llevo dos semanas con ese problema usando mi cabeza como su autopista privada, haciéndole pagar peaje para hacerle saber que no voy a dejar que campe por sus anchas; demostrando que yo tengo el control. Pero la realidad es otra. Hago un balance de daños y veo que ha hecho cuanto le ha venido en gana: acabó con las áreas de descanso, dejó tramos destrozados y ni siquiera atendió a los avisos de parada de las patrullas de la razón. Mi cabeza ahora parece un campo desierto, donde no puede pasar nadie. Los daños son cuantiosos y, por una vez, no voy a arreglarlo.

Me quedo clavada aquí. Abro las barreras para que el problema pase de largo. Sé que si avanzo, nuevos problemas vendrán.


Recordando lo que dice un amigo, tan solo me queda decir: si no me muevo, no me ven.

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