18 sept. 2008

El nuevo hogar

El sol baña la hierba y se respira un nuevo aire. El cachorro no puede dejar de curiosear. Corre de un lado a otro, pisa con curiosidad algunas plantas que hay en su camino. La expectación se esconde en cada rincón de aquel nuevo paraje. Junto a la independiente, el joven cachorro se adelantó a la manada para llegar el primero a su nuevo hogar. Estando en él, descubrió que las cosas serían mejor de lo que pensaba. Aunque aquel lugar planteaba nuevos retos y peligros, el cachorro no tenía miedo. Como decía Anatole France, prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría. El joven cachorro era el mejor ejemplo de ello, pues si bien había tareas que no sabía desempeñar, las haría una y otra vez hasta conseguir hacerlo bien.

Habían conseguido separarse de la manada, ese sería su nuevo hogar, sin temer los gruñidos del depredador, sin oir la horrible risa histérica de la hiena y sin ver palidecer al anciano frente a las órdenes que daba la líder.

Una nueva noticia animó la nueva jungla. La líder se ausentaría por las mañanas. Tan solo iría por las tardes, así que no se cruzaría con el joven cachorro, pues el se separaba de la manada a media jornada.

Cuando el resto de la manada llegue, ¿qué ocurrirá?

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